Música para hoy

Nos dijimos todo – Once Tiros

Tapame la boca
por si hablo de más
mis palabras filosas
un harakiri emocional

No me atrevo a mentirte
nunca te haría mal
y quizás sea el miedo
a darnos leña, a darnos mal
Nos dijimos todo
no fingimos nada
despojame el odio
dame tu calma, dame tu paz

Reconozco el veneno
que supura mi piel
pero vos tenes eso
que cicatriza mirándome

No me atrevo a callarme
no me asusta querer
y en tu voz me detengo
para aliviarme y dejarme caer

Nos dijimos todo
no finjimos nada
despojame el odio
y dame tu calma, dame tu paz

Nos dijimos todo
no finjimos nada
despojame el odio
y dame tu calma, dame tu paz

Entender(me)

A pesar de tener muchos en mi casa, difícilmente me miraba en ellos. Solo unos fugaces momentos para verme si tenía bien el pelo, el maquillaje, la ropa.

Los espejos cumplen la doble función de reflejar lo externo y atravesarnos hasta dejarnos al desnudo el alma. El problema surge -a mi me pasó- cuando dejé de atravesarme. Por eso los espejos dejaron de tener brillo, luz propia. Mis espejos dejaron de reflejarme el alma.

Y así me fui convirtiendo en un ser opaco, bidimensional, triste.

Un día me encontré llorando frente al espejo. Me miré y me compadecí de mi misma. Me vi oscura, lamentable. Despojada de toda esencia. Me vi y no pude reconocerme. No era yo. Era el funesto resabio de la persona que alguna vez había sido.

Ese día decidí volver a ser y rehacerme.

La tarea no es fácil. Hay obstáculos externos e internos. Hay que ser capaz, una vez más como tantas otras veces, de aguantar los embates de la propia dinámica de la vida. ¿Cómo llegue a perder el brillo en la mirada? ¿Cómo llegamos a desalmarnos?

No era justo para mí. Pero era mi responsabilidad. Como fue mi responsabilidad haber llegado hasta ese punto.

Yo decreté, ese mismo día, que iba a ser feliz, que iba a volver a sonreír. Lo creí y lo creé.

Estoy transitando ese camino.

 

 

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.yo

El Primero

Vuelvo
a ser el dueño
de mi caparazón

vuelvo
de mis andadas
con mas de un moretón

vuelvo a ser el primero
en rodar por el suelo
y volverlo a intentar

vuelvo a ser la caricia
que casi me asfixia
y no quiere aflojar

traje
miles de anzuelos
solo para probar

traje
las condiciones
que no voy a aceptar

traje al mundo canciones
que no me arrepiento
y te quiero contar

traigo mis confesiones
y la pesadilla
que quiero olvidar

siento digo lo siento
ya encontraré mi mal
vivo siempre estoy vivo
cuando me pongo a andar

vuelvo a ser el primero
en rodar por el suelo
y volverlo a intentar

traigo mis confesiones
y la pesadilla
que quiero olvidar
quiero olvidar.

La Vela Puerca

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La segunda vida

Levantó la vista por encima del hombro del primero de aquella eterna la fila. Miró, de reojo, al mundo a su alrededor. No encontraba ni un rostro amigable, ni siquiera, un par de ojos compasivos. Su perfil, con la palidez propia del invierno más atroz, reflejaba la menos agraciada de sus imágenes. No obstante su aspecto estropeado y su no menos triste ánima, siguió ahí, estoica, esperando que pasaran, uno tras otro, los espectros de la línea interminable.

Esperó lo que esperan el amor que nunca vuelve. Eternos momentos. La vida en un segundo. La muerte eterna. Esperó, porque era el único de los planes posibles, ya no había otro propósito más que esperar. Pasaban, impávidos, los espíritus perennes, que se abandonaron muy pronto, sin aviso.

La eternidad se hizo presente y fue su turno de presentarse frente a él. Tuvo miedo. Un terror infundado, pero inevitable. Él la miró como el que sabe todas las respuestas a todas las preguntas. La miró otra vez, detenidamente, y vio, en cada resquicio de su rostro el arrepentimiento, el deseo de volver, el vibrar de un alma que aun no se ha apagado, que aun no ha dicho todo, que aun no ha sentido amor.

Levantó su brazo traslucido y estampó, con odio y compasión, el sello sobre el papel que define los destinos. Lo timbró tan fuerte como pudo, vacilando, pero con la seguridad de entender que no era el momento, que todavía no debía irse. El sello imprimió en la hoja el destino de su esencia: RESPIRA. Y así como el que todo lo puede, lo logró, lo hizo, una vez más. Ella recobró el aliento, y regresó. Así empezó su segunda vida.

El camino

Dirán que estoy loca, que no tengo todos los caramelos en el frasco. Que me falla un poco.
Dirán eso y mucho más.
Ahora ya no me importa.
Solo me importa que actúo en consecuencia a lo que siento. Y que siento mucho. Y lo siento mucho.
Sigo mis pasos, erráticos o no, igual los sigo

Al final, el tiempo dirá….


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Dos palabras

¿Qué son dos palabras, en la infinidad de vocablos de este y otros idiomas?

¿Qué representan, si no llegan a media docena las letras que las conforman?

¿Cuánto podríamos demorar en decirlas?¿un segundo?¿dos como mucho?

Y a pesar de todo parece que estas dos palabras, esquivas, son mudas. O están perdidas. O se escondieron. O se fueron, quizá.

A veces se las espera demasiado. Toda la vida tal vez. Y existe la posibilidad que nunca lleguen. O que lleguen tarde.

¿Vale la pena seguir esperándolas?